Crisis amorosa en tus calcetines
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¡Reparado!

 
 

Cuando entró a bañarse en el mar se fijó en el pequeño burbujeo que hacía el agua salada. Era una especie de efecto de efervescencia causado por miles y miles de diminutas burbujas en la espuma del mar a su alrededor. Fue metiendo su cuerpo lentamente en el mar hasta llegar al cuello cuando este sonido se hizo repentinamente más intenso. Sacó y volvió a meter varias veces su nuca dentro y fuera del agua para comprobar este cambio de intensidad. Era como si el leve zumbido producido por las burbujas repentinamente empezara a sonar dentro de su cuello. Como el sonido que se produce al masticar o toser, que se siente más a través de los huesos y la carne que de los oídos. Al principio no le extrañó ya que la sensación era muy parecida a la que se tiene cuando se escuchan sonidos bajo el agua, pero no entendía que se produjera ese cambio en la forma de percibir un sonido sin haber sumergido sus oídos en el agua. ¿Cómo era posible este paso de un leve y distante chisporroteo a un claro zumbido que recorría su cuello? Una idea repentina le aterró: el zumbido de un componenete electrónico defectuoso... algún tipo de microchip situado entre su columna y su cerebro que fallaba en el contacto con el agua. Evidentemente esta idea le resultó absurda y trató de deshacerse de ella, pero realmente era incapaz de percibir este sonido como algo producido por las burbujas a su alrededor, algo no encajaba, su procedencia era sin ninguna duda el interior de su cuerpo. La idea siguiente fue aún más aterradora, si estaba en lo cierto, quién quiera que hubiera instalado eso en su cuerpo estaría dirigiéndose a toda velocidad hacia él. Algo o alguien desconocido, de una naturaleza incomprensible e indudablemente superior aparecería en cualquier momento para reparar el error. Su cuerpo se puso en tensión y sus sentidos se agudizaron, miró en todas direcciones esperando cualquier tipo de fenómeno: una aparición sobrenatural, hombres de negro de algún de gobierno o agencia secreta, algún bañista de la playa que formara parte de una vigilancia secreta y se dirigiera hacia él disimuladamente pero con decisión... Entonces un parpadeo. "Dlink!" Todo seguía exactamanete igual: la pared rocosa que rodeaba la playa, las olas, Ana leyendo con su sombrero en la arena, las toallas y sombrillas de colores. El zumbido había desaparecido.